Sleipnir: el mundo del sueño frente a la tragedia cotidiana

03 May 2016

sleipnir_opinion

Opinión: Camilo Ortega/Hank T Cohen

 

Cuando empecé a leer Sleipnir, junto a la canción homónima que lo acompaña, no pude dejar de sentir el tono western en los ritmos que me estaban contando historias de antiguas mitologías. Era como si intentaran mezclar un pasado con el sonido de lo moderno.

Los comienzos tanto del comic como de la canción son un mismo galopar, no en lo desconocido, sino en lo olvidado. Son un conjunto y un maravilloso relato de como la magia intenta, casi torpemente, articularse con el mundo moderno, a veces como una fantasía decadente o como el ansia de vivir de las creaturas del mito. La canción ofrece un sonido de nostalgia, como el de una historia contada por un bardo que intenta recordarle al mundo la razón de una caída, de un final. Las voces que se unen rompen la desesperanza y el mito, ahora transformado, toma el paso hacia adelante.

Los dioses y héroes se encuentran con un relato psicoanalítico en el que se desdibujan las líneas entre los traumas y monstruos mitológicos. Las historias no se quedan quietas en el pasado, sino que se rompen a sí mismas para que sus fragmentos sean análogos a los de la mente de los personajes encerrados en mundos que no pueden entender. Quedé ensimismado con el mundo de Sleipnir al ver sus imágenes, que son las de personajes que viven en una frontera, lo que está maravillosamente representado en el dibujo reminiscente de Sean Murphy en el mundo del sueño frente a las imágenes de la tragedia cotidiana. Los espacios abiertos y oscuros del mundo del sueño contrastan con el brillo casi irónico de los colores del hospital, haciendo que el lector considere el horror de cada uno.

Las mitologías se fracturan y se unen constantemente, abriendo un universo que, aunque apenas nos muestra una parte, me hace esperar muchas más entregas en una historia que apenas está empezando.

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